¡Loor a Olmedo en su aniversario de cantonización!

El nombre de Olmedo obedece a un homenaje de José Joaquín de Olmedo, Prócer de la Independencia. Este cantón fue parte de Paltas por mucho tiempo, incluso los primeros habitantes de estas tierras fueron los Paltas.

Sus 114,90 km2 se encuentran ubicados al noroeste de la provincia, a una distancia aproximada a 100 km de la ciudad de Loja. En su territorio se siembran productos como el café, la caña, maní, maíz, entre otros productos.

A la categoría de parroquia fue elevada el 25 de octubre de 1909 y perteneció al cantón Paltas hasta el 24 de febrero de 1997, fecha en la que se independizó y alcanzó su anhelada cantonización gracias a la gestión decidida del diputado de ese entonces Jorge Montero.

Al encontrarse Olmedo en una zona entre la Sierra y la Costa, se disfruta en la mayoría del tiempo de un clima cálido agradable en las zonas bajas, con tardes frías y nubladas en las zonas altas, pero esos matices son las características que le hacen especial a un cantón que crece con el esfuerzo de su gente y el liderazgo de sus autoridades.

La gente es considerada como trabajadora, pues las tierras son fértiles y productivas gracias al esfuerzo de los agricultores y campesinos del cantón que no descansan hasta lograr que sus productos se puedan comercializar en los principales centros de abasto de la provincia de Loja y provincias vecinas.

En el campo artesanal aún se ve las tradiciones de los pueblos, por ejemplo se elaboran alforjas de manera rudimentaria, pues las manos dedicadas a este oficio lo hacen con cariño y esmero que se convierten en verdaderas obras de arte.

Este cantón que limita al norte con Chaguarpamba; sur y oeste con Paltas y al este con Catamayo, es el más joven de la provincia de Loja. La parte urbana ha logrado desarrollar obras fundamentales como el adoquinado y pavimentación de las calles, telefonía fija y celular, alcantarillado en buen porcentaje, electrificación en barrios, etc.

Otras de las actividades es la elaboración de los porrones y las manos con troncos anchos de madereras propias de la región, donde se efectúa el pilado manual del café que le da un brillo particular y un sabor exquisito.

¡Que viva Olmedo!