Una mexicana pone la sazón a la gastronomía de Vilcabamba

Mexicana, Isamar García

Un documental sobre Vilcabamba, que promocionaba a la parroquia como el Valle de la Longevidad, que contenía agua con propiedades especiales para rejuvenecer a la gente y que las personas vivían muchos años por habitar en una tierra con un clima espectacular, fueron las razones que terminaron de convencer a Isamar Vélez García para venir a conocer esta parroquia rural del cantón Loja.

Isamar cambió de residencia hace 7 años, el mismo tiempo que lleva radicada en Vilcabamba. El estrés y la contaminación fueron las razones por las cuales decidió “huir” de Ciudad de México, su tierra natal, para probar suerte en otras latitudes. Una vez que llegó al Valle Sagrado se preocupó por emprender una actividad rentable que le permita vivir con dignidad. Su habilidad por el arte culinario, sus conocimientos sobre emprendimiento derivado de sus estudios en negocio internacional y asombrada por la cantidad de turistas que visitaban Vilcabamba, decidió abrir un local de comidas, denominado Agaveblu.

Al inicio fue un restaurant pequeño que solo ofrecía algo básico de la cocina mexicana, como tacos y quesadillas. Luego, conforme crecía el número de clientes, fue ampliando el negocio y al mismo tiempo su oferta de comida, siempre acompañada con una sazón especial gracias a los trucos que ofrecen los ingredientes que los trae directamente de México.

Isamar se siente contenta con los resultados de su negocio, porque los centenares de clientes que recibe los fines de semana los divide así: mitad ecuatorianos y mitad extranjeros, de ahí que cada vez viene experimentando nuevos platillos y las personas se muestran muy receptivas para probar otros sabores. Comenta que el plato que tiene mayor acogida es El Mole, un plato típico mexicano, elaborado en una especie de salsa de chocolate con diferentes tipos de ajís, acompañado de especies como canela y almendra, que se lo sirve con pollo, frejoles negros y arroz.

Recuerda una vez que un compatriota suyo viajó en moto 6 meses hasta llegar a su restaurant para conocer la parroquia y probar su sazón. Al igual que él, lo hacen muchos extranjeros y ecuatorianos que se han dejado atrapar por las manos mágicas de una mexicana. El éxito de su negocio cree que está en el truco de la cocina, el buen trato y sus ingredientes mexicanos. Por eso analiza la posibilidad de abrir una sucursal en ciudades como Loja o Cuenca, de donde provienen el mayor número de clientes nacionales.