¿Qué es el desarrollo?

El término “desarrollo”, empleado constantemente por ciudadanos y autoridades, es usado siempre como el objetivo común tácito de toda sociedad y sus individuos que la componen. Ahora es necesario pararnos a pensar en qué significa el anhelado objetivo del desarrollo. ¿Qué es el desarrollo? ¿Qué significa el progreso? Aunque algunos científicos sociales se encarguen de etiquetar como más o menos desarrolladas a las sociedades, mientras que no  se pueden catalogar en cambio como más o menos ancestrales a las mismas, el  concepto desarrollo es aceptable siempre que implique mayores derechos a  los recursos indispensables para que el humanos en conjunto con su entorno, puedan llevar una vida digna que impliquen respeto para su conciencia, respeto  para su salud y para la salud de los seres vivos con los que convive.

Vivimos en una sociedad de mercado, en un mundo en el que todo ha sido transformado en mercancía… la cultura, la salud, la educación, el tiempo de las personas, los recursos básicos, toda la experiencia vital de cada individuo ha sido privatizada y convertida en mercancía, en una economía de servicios generadora de la efímera ilusión de bienestar momentáneo, que anula la libertad y autonomía del individuo humano y se dirige insoslayablemente hacia su propio precipicio sistémico, en acelerada y caótica deriva.

 “Ecuador ama la vida” es uno de los slogans utilizado por el gobierno central para promocionar turísticamente al Ecuador. Si se  intenta amar la vida, lo primero que se debe hacer es cuidar y administrar con sabiduría el recurso básico e indispensable: el H2O, en todas sus presentaciones y como necesidad indispensable para cualquier ciclo de vida y actividad de todos los seres que habitamos el planeta tierra. El concepto citado es algo que las sociedades  ancestrales  y  supuestamente desarrolladas han entendido, algunas más y otras en menor grado.

Es indispensable entender que la gestión acceso y administración de un recurso fundamental como el agua  está en manos de todos, el recurso merece además una valoración ética, de eficiencia y de calidad. El agua es un recurso consagrado como derecho para todos los seres que habitan el planeta, presente en las leyes naturales innatas y en las reglas de convivencia que los humanos han sabido construir en el trascurrir de las civilizaciones terrestres, al ser un derecho se debe exigir acceso al recurso, al mismo tiempo se debe también requerir un respeto y un compromiso participativo y responsable en su gestión, consumo y uso.