El silencio en Vilcabamba

Por: José Ignacio Cueva Vélez

En la parroquia Vilcabamba del cantón Loja, aún es posible disfrutar del

silencio, ya que este valle es quizá uno de los últimos refugios

planetarios en el que se puede dar el lujo de disfrutar del silencio. En

este fértil territorio con ríos y cascadas, magia e historia, el imponente

“Mandango”, motiva reflexión y calma. El valor y sabiduría de sus hijos y

antepasados se respeta y admira desde lugares remotos.

 

En contraposición, antagónico, existe el ruido… el ruido moderno,

cosmopolita, electrónico. Al efecto, la RAE manifiesta que es un sonido

inarticulado, por lo general de alto grado desagradable. El silencio y el

ruido son opuestos, colisionan, antónimos.

 

Leyes modernas tipifican y sancionan a los infractores por exceder los

niveles tolerables de ruido; el estudio y la cultura son aliados para el

cumplimiento de estas normas; y, advierten los científicos que los

tímpanos quedan irremediablemente heridos al ser maltratados por el ruido y

detonaciones prohibidas. Del consumismo gran negocio dañar los tímpanos.

“Escuchar música a todo volumen”, es cuestión de gustos, pero respetar la

ley y al prójimo, es lo importante. Entonces, todo el respeto y respaldo

del mundo merece la comunidad  que difiere con los altos decibeles.

Es vital proteger la salud, el turismo educado, el sosiego y la calma; y, en tal

virtud, merece del supremo esfuerzo de todos, recuperar el antiguo

silencio, casi perdido, que hizo tan famoso al Valle de Vilcabamba y a sus

ilustres antecesores.

Además, el tema pasa por una cuestión de salud. Entre más ruido contamine la urbe lojana mayor dificultades tienen para movilizarse en forma oportuna de un lugar a otro