¿Por qué es necesaria la Policía?

Por: Marco Tulio González

Sin importar dónde vivamos, la maldad se esconde bajo una fachada de civismo. Necesitamos la protección de la Policía. Es cierto que casi todos hemos sabido de agentes acusados de brutalidad, corrupción, pasividad y abuso de poder insistentes, cuya gravedad varía de un país a otro. Pero, ¿Qué haríamos sin la Policía? ¿Acaso no es cierto que, por lo general, las Fuerzas del Orden prestan valiosos servicios?

Un servicio social a la comunidad: “Me encanta ayudar a la gente, dice el policía Iván, quien agrega: lo que me llamó la atención fue lo variado del trabajo. Casi nadie sabe cómo combatir la delincuencia que constituye del 20 al 30% de nuestra labor. En realidad ofrecemos un servicio social a la comunidad.

Durante un patrullaje de un día normal puedo ocuparme de una muerte súbita, de un accidente automovilístico, de un delito o de un anciano confundido que necesita ayuda. Me siento muy satisfecho cuando devuelvo a un niño perdido a sus padres, o ayudo a una víctima a superar su trauma”.

Roberto, ex – Policía, afirma: “El agente de policía dispone de todos los recursos y del tiempo necesario para brindar la mayor ayuda posible a quienes acuden a él, de buena fe. Eso fue lo que me gustó de la profesión. Quería estar a disposición de la gente para ayudarla, creo que, hasta cierto punto, contribuí a su seguridad, pues arresté a más de 800 individuos, en el lapso de cinco años”.

Combatir la delincuencia en base a incrementar la presencia policial resulta imposible desde el punto de vista económico. Además, aunque pueda costearse, a los delincuentes no parece disuadirles ni el aumento de las patrullas policiales ni su rápida reacción. Según la Policía, si no llegan al lugar del delito en menos de un minuto, es poco probable que atrapen a los culpables. Y da la impresión de que los maleantes saben que tal rapidez es infrecuente. La investigación criminal tampoco ayuda, pues la delincuencia no se detiene ni cuando los detectives consiguen que se encarcele a los infractores. Las medidas drásticas contra ciertos delitos, como el tráfico de drogas o los atracos, han sido muy eficaces durante un tiempo, pero cuesta lograr resultados permanents.