Adiós a matrona pindaleña

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Por: César Sandoya Valdiviezo

María Granda Granda, fallece a la edad de 106 años en Huaquillas, ciudad en la que vivió sus últimos 50 años luego que emigró de su tierra natal, Pindal, como consecuencia de la sequía que azotó a la provincia de Loja en la década del 60.

Por su labor, muchos la recuerdan el carácter afable y siempre optimista de una mujer que se ganó el corazón de sus vecinos y amigos. Sus últimos días de vida fueron eternos. Su caminar fue pausado hasta que llegó el momento en que ya no pudo caminar más, y sus familiares prefirieron movilizarla en una silla de ruedas hasta que quedó postrada en su cama esperando la voluntad de Dios. Se alimentaba con la ayuda de otra persona, conversaba con alguna dificultad y llegó a perder la visión, pero no los recuerdos de su tierra natal que los mantuvo vivos hasta el final.

Siempre sus ojos se humedecían cuando recordaba su niñez y juventud, que fueron muy duras, debido a la falta de recursos económicos, por lo que tenía que trabajar muy fuerte para llevar el pan a su casa y lograr mantener a sus 9 hijos producto de sus dos compromisos con Manuel Gonzaga y Luis Agurto, ambos fallecieron mientras desempeñaban el rol de esposo.

Muchas veces fue padre y madre para ellos y cuando narraba parte de su vida recordaba a las personas que las apreciaba por sus acciones y la ayuda que recibió cuando más la necesitaba. Quienes la conocieron de cerca dan fe que se trataba de una verdadera madre porque siempre tendió la mano solidaria para ayudar a quienes necesitaban de ella.

Sus padres fueron: don Filomeno Granda e Isolina Granda.  Y sus hijos: Manuel y Adelmo Gonzaga, de su primer matrimonio. En cambio, de su segundo compromiso, nacieron: Manuel Agustín, Yolanda, Amada, Antoliano, Vicente, Norma  y Luis (+).

Así se desenvuelve la vida de María Granda Granda, una gran madre, una gran esposa, una gran mujer. Lástima que personas como doña María Granda, que son ejemplo de lucha y perseverancia, queden como un simple recuerdo. Los Gobiernos Locales deberían ser los encargados de enaltecer y destacar en vida la figura de ciudadanos que tienen el privilegio de prolongar su existencia para seguir haciendo el bien ante los demás.